LA TRAVESÍA ANDINA
La Cordillera de los Andes es una formación montañosa que atraviesa el continente suramericano, durante el viaje alrededor del mundo tuve la gran oportunidad de visitar algunas de las ciudades y pueblos de este gran territorio, así como también subir el pico más alto de Venezuela el Pico Bolívar con 5007 Mts y su Pico hermano el pico Humboldt con 4940 Mts.
Los Andes Venezolanos se dividen en Los Páramos de la Culata y La Sierra Nevada, tienen entre los 2 más de 50 picos con una altura de más de 4000 metros cada uno, Es quizás el sueño de todo montañista que viaje a países como Venezuela para dejar de ser un Alpinista y convertirse en un Andinista .
La excursión empezó desde la ciudad de Mérida hacia los Nevados por una carretera suicida de un solo canal que va bordeando las montañas durante casi 4 horas, en los Nevados tuve la oportunidad de conocer algunos de los campesinos y personajes pintoresco del pueblo, adicionalmente probar la comida local como los pasteles andinos y la chicha (bebida a base de maíz), el segundo día fue donde realmente empezaba la travesía, con más de 5 horas de camino en ascenso a través de los bosques y fincas de la sierra, para llegar a la estación fantasmagórica del teleférico de Mérida, alguna vez funcionó muy bien, hoy en día son unas instalaciones inservibles pero que resultan muy agradables para los excursionistas de a pie, ya que sirven de refugio para una fría noche y las vistas son excelentes.
El tercer día continua la travesía hacia al primero de los picos (el Pico Espejo con 4.765mts) es una caminata larga, empinada y rocosa que nos llevo de una estación de teleférico a la otra, donde está el Pico Espejo, aquí tuvimos la oportunidad de compartir un espacio de 3x4 mts para comer y dormir, la ventaja era que las paredes eran de madera y nos aislaba un poco del frio para pasar la noche, al día siguiente salimos de ahí muy temprano como siempre para buscar el tan anhelado Pico Bolívar, el entorno de la excursión había cambiado mucho, pasamos de caminatas y paseos de horas a escalada y descensos técnicos por lajas de piedra filosas con algunos despeñaderos imponentes, con todo el equipo puesto, arneses, casco y cuerdas nos dedicamos a subir y bajar rocas durante horas, en algunos casos daba vértigo y en otros era más fácil simplemente no voltear hacia abajo cuando esperábamos a otros compañeros de excursión parados sobre el filo de una piedra al borde de un precipicio, al principio parecía irreal pero poco a poco nos adaptamos a la realidad de la escalada. Horas más tarde y dejando el aliento en esa montaña logramos llegar a la cima después de muchos esfuerzos problemas para subir y cansancio, la sensación es muy gratificante saber que estas en el punto más alto de un país y mucho más que cualquier lugar de Europa, dura unos minutos e invita a la reflexión pero después de nuevo a concentrarse para el descenso de menos tiempo y mas técnico.
Después de acampar dormir y algunas comida para recuperar fuerzas nos dirigimos al segundo pico más importante (el Pico Humboldt), en esta oportunidad el equipo se dividió por falta de motivación, cansancio o miedo. Subí al pico con los dos guías , salimos a las 4 de la mañana, para realizar una caminata nocturna, empinada más conocida por ser de resistencia en vez de técnica, tuve la gran suerte de ver el amanecer en todas sus fases y en uno de sus momentos las imágenes no tuvieron nada que envidiarle a la aureola boreal del polo norte, una borrasca azulada, morada y naranja que sobresalía detrás del pico al que nos dirigíamos, servía de motivación e inspiración para llegar a la cima, el clima por el contrario no favorecía y afectaba la mente, recuerdo que un momento se me ocurrió desistir de continuar ya que mi mente y principal motor para el ascenso estaba cansado.
Ya era de día, a unos metros divisaba el Glaciar del Humboldt que estaba herido y enfermo por los cambios de temperatura que afectaban al planeta, a mi me sirvió de ejemplo para ver lo herido que esta nuestro planeta, las fotos de hace 50 años mostraban las dimensiones del glaciar comparables a varias decenas de campos de football, hoy en día quizás del tamaño de un par de campos de football. Pasamos sobre él y vimos sus fracturas, grietas, heridas y algún otro animal congelado como en las películas. Después de atravesar su manto blanco, llegamos al pico, demarcado por una bandera con el nombre de Humboldt y algunas piedras unas sobre otra. Fue también un gran momento que disfrute mucho y me invito a meditar y hacer comparaciones con la vida y con lo que sería el resto del viaje alrededor de esta pelota llamada tierra, donde tendría que ver y afrontar muchas situaciones de la vida para llegar a un fin, a la cima o a la cúspide de una lección de vida, luego de ese aprendizaje, me dedique a bajar de las montañas disfrutando de su naturaleza y todo lo que ella ofreció.
Jesús Rojas-Costa